La Estación de Mora, respira esa tranquilidad de los pueblos pequeños, donde el reloj sobra. La agricultura es su principal actividad, y en estos últimos tiempos, el cultivo de encinas, para la obtención de trufa negra (Tuber Melanosporum), lo cual nos da un paisaje, ahora poblado de pequeños arbolitos, casi inapreciables en algunos puntos recién reforestados, que en un futuro próximo nos rodearán con bosques de lo que llamamos “carrascas” o encinas (Quequs Ilex) .

La estación en sí, ahora es un apeadero, quedando en desuso el antiguo edificio. Tenemos la suerte que aún paren los tres trenes para ir a Teruel y a Valencia. Un encanto añadido que trae gente de la comarca para sus desplazamientos y que nos proporciona un complemento ideal para los amantes de la Vía Verde y la Bicicleta.

Un lugar ideal para pasear y disfrutar de la naturaleza turolense, con múltiples paisajes y sensaciones.

Por las tardes, subir al Alto del Royal para apreciar las puestas de sol sobre Javalambre, con esos incomparables atardeceres con infinidad de colores que tiene Teruel.

Un paseo por la Vía Verde hasta el río, cruzando el túnel y el puente de Albentosa. O bien visitar el pueblo con sus restos del castillo Templario y algún tramo de una antiquísima Vía Romana.

Todas las épocas tienen su encanto especial. En verano, el río Mijares, nos proporciona lugares donde aún es posible el baño en parajes sombreados por la frondosidad de los chopos. En invierno, la cercanía de los paisajes nevados y las estaciones de esquí de Javalambre y Valdelinares, se convierte en un lugar perfecto para la práctica del deporte blanco.

Otra momento ideal es el otoño, donde por los bosques próximos podemos disfrutar de la micología, recogiendo hongos y setas a la vez que paseamos entre esos aromas que los pinos nos proporcionan en esos días templados. En primavera, los almendros, cuando el campo estalla en esa multitud de colores que contrasta con ese rojo de la tierra turolense y el azul limpio de nuestro cielo.

La Casa Rural de la Estación de Mora es una gran casa que nació pensada para la agricultura y cuya fecha de levantamiento se pierde allá por los principios del siglo XIX.
Inciamos su restauración en el año 2002 y ahora dispone de seis habitaciones y de un amplio salón, “El Refugio”, con todas las comodidades que los tiempos nos exigen, pero manteniendo ese encanto que solo poseen las antiguas casas de labranza.

Quizá hubiera sido más cómodo y económico tirarla entera y volverla a construir sobre el mismo espacio, pero decicimos restaurarla para que se conservara la arquitectura y los detalles de las casas de labranza de hace dos siglos.
Aún se pueden apreciar signos de aquella época, así como herramientas, aperos, muebles y otros útiles rescatados en la restauración de la misma.
La chimenea de la casa rural, es el lugar de reunión del salón, donde puedes pasar un rato de lectura, de charla o de animada conversación con tus amigos, al calor del fuego.
Las habitaciones, cuentan con una gran amplitud, permitiendo en algunas instalar hasta una familia con tres niños. Todas ellas, exteriores, con baño y calefacción.
La construcción exterior es sobria pero con el lujo del espacio. Una amplia terraza encarada al levante donde poder disfrutar del sol del invierno o acogerse a la sombra de la parra en verano y que es el lugar preferido de los niños para sus juegos. Actualmente arbolada con especies autóctonas, que la convierten en la zona ajardinada de la casa y en la cual, los meses más cálidos nos permiten esas veladas en el fresco de la noche contemplando una infinidad de estrellas inapreciables en otros lugares.
En la Casa de la Estación, podemos disfrutar de ese ambiente rural difícil de encontrar y con esa tranquilidad y encuentro con la naturaleza que le proporciona su aislamiento en el campo, pero también hay lugar para las emociones. Así, los deportes de aventura y aire libre son nuestra especialidad: rutas en todo-terreno y bicicleta, senderismo, escalada, rapel, puenting, orientación, esquí y sobre todo parapente.
Pero no estamos tan aislados como parece. La autovía Mudéjar nos acerca en breve espacio de tiempo a cualquiera de los lugares más emblemáticos de la provincia:
Teruel con Dinópolis y el Mudéjar a 20 minutos de autovía.
Valencia y sus playas a 50 minutos.
Las estaciones de esquí en 25 minutos y un gran número de pueblos y rincones de las comarcas de Javalambre, Gúdar y Maestrazgo que harán que tu estancia siempre te sea corta.